Una de las razones por las que escribimos es porque queremos emocionar al lector con nuestras historias. Pero a todos no nos emocionan las mismas cosas.
Hay muchos caminos literarios para emocionar. Por ejemplo, puedes hacer que la lectora o el lector empatice con tus protagonistas. En este caso, una buena construcción del personaje y definir bien su arco es imprescindible para conseguirlo. También puedes tener al lector en vilo durante tu narración con un buen manejo del suspense; o bien puedes emocionarlos al abordar temas sobre los que son sensibles.
Diferentes caminos, como ves. Y entre tantos he escogido sólo uno como materia de este artículo: la palabra. A continuación te explico cómo escoger la palabra adecuada para emocionar en tus novelas, cuentos y relatos; un tema interesante ya que enlaza con cómo puedes trabajar tu voz propia como autora o autor. Así, voy a centrarme en cómo expresar emoción a través de las palabras del narrador, y dejaré para otro artículo hablar sobre las intervenciones de los personajes en los diálogos.
[Un inciso, ya he abordado el tema de los diálogos en otros artículos de este blog y que puedes encontrar aquí].
Por cierto, si no quieres leer estas líneas, más abajo tienes un vídeo donde puedes encontrar esta explicación. Espero que te resulte inspirador y útil.
Vamos a comenzar de forma práctica con estos ejemplos:
¿Significan lo mismo? Sí, en efecto, las frases describen las olas del mar rompiéndose en las rocas de un acantilado. Sin embargo, aunque todas las frases describen lo mismo, se ha cambiado una única palabra en cada una de ellas. Como ya habrás observado, ese cambio es el verbo, una modificación muy pequeña pero que produce una transformación importante, ya que la emoción que percibe el lector es diferente.
Por ejemplo, si quieres transmitir una emoción violenta, puedes utilizar la oración que emplea el verbo “golpear” o “destruir”.
Pero si estás escribiendo novela romántica y esta descripción encaja en una escena sensual, las frases que utilizan los verbos “lamer” y “abrazar” pueden generar la atmósfera que buscas en lugar del verbo “destruir” (a no ser que lo que se narre en la escena vaya a destruir emocionalmente a uno de los personajes. Como siempre digo: en literatura no hay reglas perfectas, todo depende del caso particular que estés trabajando).
En cualquier caso, lo que deseo transmitirte es que, además de que estas palabras sean descriptivas, a través de ellas se comunica algo que va más allá: una emoción. Así, tanto si eliges el verbo “abrazar”, como “lamer”, como “destruir”, que sea con intención. No olvides que las palabras son una herramienta expresiva.
En conclusión, no escojas la palabra sólo porque “haga bonito” (aunque, insisto, todo depende del caso). Elige la palabra con un criterio más sólido: pregúntate qué tipo de emoción quieres transmitir al lector, qué atmósfera deseas construir.
Hasta ahora hemos hablado de la conveniencia de emplear palabras que pueden crear una carga emocional en el lector, y ahora es el momento de reflexionar sobre un posible “peligro” en el que podemos caer por exceso de celo.
Cuando escribimos nuestros primeros textos, nuestro afán por ser expresivos nos puede conducir a construir frases de este tipo:
Escuchaba cómo el tierno mar golpeaba dulcemente las rocas
Esta frase puede coincidir en significado con el ejemplo de “escuchaba cómo el mar abrazaba las rocas”. ¿No te parece una frase algo barroca? En este ejemplo se ha complicado la oración de manera artificiosa con adjetivos (tierno) y adverbios (dulcemente).
Esto no es una incorrección y puedes utilizar estas frases si es tu estilo, pero te sugiero que no lo hagas en exceso ya que el resultado final puede ser un texto enrevesado o “cargante”.
Por tanto, te animo a que valores si esos adjetivos y adverbios aportan un significado diferente o si puedes conseguir algo similar utilizando un vocabulario más preciso o transfiriendo esa carga emocional a otra palabra, como por ejemplo el verbo. Así, observa que con ese “tierno” y “dulcemente” se obtiene un significado similar al de la frase “Escuchaba cómo el mar abrazaba las rocas”, siendo esta última más sencilla.
Otra de las maneras de emocionar al lector es empleando frases cortas o largas dependiendo de la escena que estés escribiendo. Por ejemplo, las frases largas son muy apropiadas en descripciones o en escenas de reposo, donde el lector leerá con detenimiento tus frases subordinadas.
Sin embargo, para escenas de acción trepidante encontrarás un buen aliado en las frases cortas y las yuxtaposiciones. Las frases directas y sencillas contribuyen a que el ritmo se acelere y el corazón del lector o la lectora palpitará también más rápido.
Ten en cuenta los códigos del género literario del cuento o la novela que estés escribiendo. No emocionarás igual, y no emplearás el mismo tipo de palabras, si estás escribiendo un cuento de terror a una novela romántica, o una distopía de una historia cotidiana.
Hay dos técnicas narrativas que te van a ayudar a emocionar al lector: las técnicas de “contar” y de “mostrar”. De ambas de hablo con detalle en mi Curso Gratuito, por lo que no voy a extenderme aquí. Te animo a que lo eches un vistazo si no lo has hecho aún.
Sólo me queda hacer un resumen de todo lo que hemos hablado, y qué mejor manera que sintetizarlo en 6 sugerencias o “tips” que te ayudarán a emocionar al lector con tus palabras:
Esto es lo que quería hablarte hoy. Más abajo tiene un vídeo de hace algún tiempo que puede servirte como complemento a lo escrito anteriormente. Espero haberte sido útil.
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Espero haberte ayudado a mejorar la calidad de tus textos literarios.
4 Comentarios on Emocionar al lector: la palabra adecuada
Como siempre un gusto escuchar tus recomendaciones, útiles y cargadas de mucho sentido. Gracias.
Muchas gracias, Carmen. Un abrazo fuerte
Muchas gracias por su tiempo y esfuerzo invertido para compartir con nosotros su experiencia y enseñanzas.
Saludos
Silvia C Rodriguez
Gracias a ti, Silvia, por leerme. Un saludo.